UNA MADRE
ÁLVARO HERRÁIZ SAN MARTÍN
Se enfrenta con entereza a las abatidas de la vida
Y una madre, que quizás no es la mía, deja pasar el tiempo de la desgracia, del secuestro de un hijo que dejó de ser niño para luchar su futuro. Un hijo, que escogió luchar e intentar reconvertir el presente en justicia, siendo el odio y la injusticia los impunes verdugos que injustamente juzgaron a su hijo por luchar, por una lucha que, una madre, docta palabra, declara firmemente como justa.
Y a la razón de una madre se le une la persistencia, y esa persistencia no requiere espera, sino que es una madre quien toma el relevo de un hijo para continuar luchando, por todo cuanto acontece y el hándicap de un hijo bajo la tristeza de un yugo que intentó romper, quizás en ese preciso momento, su madre no estaba con él.
Y por una madre pasarán años, quizás arrugas, pero nunca pasarán ni decaerá una fuerza que suprima el ansia de volver a verle, abrazarle, y sentir que la sangre que le han provocado se puede convertir en la que aparece tras volver a ver a un hijo nacer.
Quizás no es mi madre, quizás no haya cruzado palabra con ella, pero una mirada de angustia, más cargada de fuerza y orgullo, me advierte que estoy frente una guerrillera, frente una resistente... en efecto, lo que viene siendo la perfecta definición de "una madre".
No hay comentarios:
Publicar un comentario